No es una frase más. Llega en la antesala de un nuevo 24 de marzo, con una generación universitaria que no vivió la dictadura y con sectores del poder que, según deslizó el propio Marull, empujan —de manera más o menos explícita— a diluir la memoria colectiva.
La memoria, bajo presión
Marull no esquivó el conflicto. Habló de una “tensión” concreta entre el trabajo que realizan las universidades para sostener la memoria y ciertas corrientes alineadas con el Gobierno nacional que buscan, en sus palabras, “cortar esta transmisión natural”.
El problema no es menor: pasaron 50 años del golpe militar y la distancia temporal juega en contra. Los estudiantes de hoy no tienen recuerdos propios de la dictadura. Ahí es donde, según el decano, entra en juego la responsabilidad institucional.
“Mantener esa memoria es un trabajo de todos los días”, insistió. Y no lo plantea como una consigna simbólica, sino como una estrategia activa: incorporar los derechos humanos como eje transversal en la formación académica.
Derechos humanos: de consigna a contenido obligatorio
Lejos de quedarse en actos conmemorativos, la UNLPam apuesta a una política más profunda: la transversalización de los derechos humanos en todas las carreras. No es solo recordar, es formar.
El programa que impulsa la Facultad busca ir más allá del clásico tríptico de Memoria, Verdad y Justicia, para instalar una lógica más amplia: no hay futuro democrático posible sin una comprensión crítica del pasado.
En ese punto, Marull fue directo: la disputa por la democracia no es un asunto del pasado. “Se está dando todos los días”, dijo, y bajo nuevas formas. Más sutiles, más discursivas, pero igual de persistentes.
Universidades en crisis: el otro frente de batalla
Pero la defensa de la democracia no se da solo en el plano simbólico. También se juega —y fuerte— en el terreno económico. Y ahí el diagnóstico es alarmante.
El decano denunció una “crítica situación presupuestaria” que atraviesa a todo el sistema universitario. Y apuntó contra un dato que expone una tensión institucional grave: existe una Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso, ratificada tras vetos y respaldada por una mayoría amplia… pero que no se cumple.
Ni siquiera una medida cautelar judicial logró torcer la inercia del Ejecutivo nacional.
El mensaje es claro: no se trata solo de números, sino de reglas de juego. Para una Facultad de perfil jurídico, la falta de cumplimiento de una ley vigente y de una orden judicial enciende alarmas sobre el funcionamiento real del sistema democrático.
“Hoy ese sistema de frenos y contrapesos no está funcionando”, advirtió Marull.
Democracia: una construcción frágil que se defiende todos los días
En ese contexto, la defensa de la universidad pública, los salarios docentes y el financiamiento no son reclamos sectoriales: forman parte de una disputa más amplia por la calidad democrática.
Marull lo sintetizó sin rodeos: sostener la democracia implica pelearla en todos los frentes. En las aulas, en la memoria, en el presupuesto.
A 50 años del golpe militar, el mensaje es incómodo pero necesario: la democracia no está garantizada. Se construye, se disputa y —si no se cuida— también puede erosionarse.
Agenda para no olvidar
En ese marco, la UNLPam organizó una serie de actividades abiertas a la comunidad para poner la memoria en movimiento:
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25 de marzo – 16:30 hs.
Actividad conmemorativa “A 50 años del golpe” en el Parque Provincial de la Memoria de Santa Rosa. Participan especialistas, estudiantes y autores vinculados a la reconstrucción histórica. -
26 de marzo – de 17 a 21 hs.
Coloquio público: “Derechos Humanos y Políticas Públicas Frente a los Retrocesos Democráticos”. Modalidad híbrida, con inscripción gratuita.
La apuesta es clara: que la memoria no quede encerrada en el calendario. Porque, como advierten desde la propia universidad, cuando el pasado se vuelve borroso, el futuro empieza a ser peligroso.